domingo, 19 de febrero de 2023

Sufridores en cancha

 


En aquel concurso de Televisión Española llamado “Un, dos, tres”, en algunas etapas de su larga trayectoria, (era largo todo, su duración y su vida, muchos años, demasiados, solo había dos cadenas de televisión, la 1 y la 2 de TVE, no había competencia), participaba una pareja de concursantes a los que se les llamaba los “sufridores”. Se llamaban así por no poderle decir nada a la pareja que participaba en la ronda final, pero se llevaban el mismo premio final que ellos, que podía ser dinero, un coche o el famoso apartamento en Torrevieja, nada o premios malos como una vaca, dos millones de cerillas o 430 kilos de arroz (no me lo estoy inventando).

Más adelante incorporaron una variante en forma de otra figura: los “sufridores en casa”. Se participaba enviando una carta con unos cupones de los batidos Okey, que era la marca patrocinadora de esa parte del concurso, y tras un sorteo los ganadores se llevaban un premio.

Lo cuento para los jóvenes de ahora que lo que no “sufrieron” fue dicho concurso en su infancia o para los que habían tenido la suerte de “superar” el trauma y lo habían olvidado.

En el deporte y concretamente en la especialidad que nos ocupa, el baloncesto, hay de todo:

Sufridores en casa

Esos aficionados que no cenan si su equipo pierde, que rompen cosas y se ponen inaguantables. A los niños y niñas esas “derrotas” les sirven para ir dándose cuenta de que no todo va a ir rodado en la vida, pero es que hay quienes no crecen y de adultos siguen comportándose igual. Lloran tras la derrota y todo. Vemos a periodistas, si es que se les puede llamar así, como Tomás Roncero que parece que se ha quedado atrás en su evolución personal y ahí lo tenemos, encima ganando dinero con su "forofismo" y berrinches. Aunque a lo mejor es todo guión para vender. Yo de pequeño fui de esos, me llevaba unos rebotes que para qué con el Madrid o la selección española, en especial en baloncesto. Y luego discusiones en el cole. Un poco más mayor me enfadé mucho con un seguidor de otro equipo y terminé aprendiendo que no sirve de nada. Además de que muchas veces no sabemos qué les pasa a los verdaderos “concursantes”, si están lesionados, si entrenan o les entrenan mal, si hay mal ambiente en el equipo etc.

Sufridores en cancha

Ahí tenemos a presidentes de clubes, en fútbol incontables, en baloncesto tuvimos un  ejemplo en el del Burgos al descender de la ACB el año pasado o esos directores deportivos que se revuelven en su asiento durante los partidos. Los enfocan mucho las cámaras y bien no lo pasan.

Sobre los entrenadores hablaré otro día que da para largo, solo adelantar que al ser profesionales, alguna leve excusa pueden tener por ser su forma de ganarse la vida, por un exceso de responsabilidad que muchas veces resulta mal. Hay casos famosos como Bobby Knight ya retirado a sus 82 años, con accesos violentos, llegando a tirar sillas a la pista u otros que parece que un día van a morir de un infarto como Zeljko Obradovic. Como sucedió en el Real Madrid cuando Ignacio Pinedo falleció en 1991 con 66 años, unos meses después de sufrir un infarto en pleno partido de la final de la Copa Korac, tras el que quedó en coma. O el susto de Pablo Laso la temporada pasa la 2021/22.

Bobby Knight en plena ejecución de su especialidad.


Ignacio Pinedo, arriba en solitario, aquí con su ayudante, Ángel González Jareño.

También he visto a entrenadores de cantera perder y comportarse a lo loco. Gritos destemplados y pérdida de papeles, tirando cosas tras perder un partido (y durante el mismo), muy lamentable.

Una vez estábamos tomando algo otro colega y yo, un viernes después del entrenamiento, en un bar de al lado del colegio donde yo llevaba un equipo y llegaron otros dos entrenadores/directores deportivos del mismo que acababan de perder una eliminatoria de la Copa Colegial. Me amargaron la cerveza y el partido de Euroliga que estaba puesto, aunque sin sonido, en la televisión del bar. Aquello parecía un funeral. No quisieron tomara nada, no decían ni palabra, la mirada perdida, el cuerpo deshecho en la silla. Ya digo, como si se les hubiera muerto un familiar. O peor aún, el perro, que en estos tiempos duele más.

En muchos ambientes está mal visto que después de perder un partido uno todavía sonría o bromee. Hay que saber darle la importancia justa, se trata de educar y si se ha dado todo lo que uno tenía dentro y se ha hecho todo lo posible, una reflexión sobre lo que se podría hacer mejor para el siguiente debe bastar. Y todos a seguir trabajando con más ganas. Esos comportamientos como las broncas de algún padre, insultos al árbitro o idas de olla de algún jugador tras perder no deben tener lugar en el deporte. Repito, baloncesto de formación.

Y como aficionado lo mismo. Se puede analizar y hablar, claro que sí. Lamentar la oportunidad perdida pero en la justa medida. El debate está bien pero sin llegar a más. Incluso es divertido. En resumen disfrutar de la afición o seguir a un equipo de forma sana, sin sufrir, con sentido común, que es lo que falta muchas veces para este y para otros aspectos de la vida.

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